A la hora de hablar del cultivo del olivar, y de la tradición y maestría que hay detrás de la elaboración de un Aceite de Oliva Virgen Extra, resulta indispensable destacar la estrechísima relación de este producto agroalimentario con Andalucía.

Para poder hacerse una idea de lo que implica la comunidad autónoma andaluza en cuanto a su importancia en el sector oleícola a nivel nacional y en términos globales, basta con reflexionar sobre el hecho de que el 80% de la producción española de aceite de oliva y cerca de un 40% de su producción mundial tiene su origen en el territorio andaluz.

Pero el impresionante peso de Andalucía en relación al cultivo del olivo no solo tiene su justificación en términos cuantitativos, ya que el olivar andaluz también destaca por su extraordinaria diversidad, tal y como se refleja en sus distintas variedades autóctonas.

Siendo conscientes de que sería prácticamente imposible recoger en un solo repaso las distintas variedades autóctonas de aceituna que se cultivan a día de hoy en Andalucía, y una vez que en anterior publicaciones hemos profundizado en las variedades locales más representativas de Aragón y Cataluña, Navarra y La Rioja, la Comunidad Valenciana o Castilla-La Mancha y la Comunidad de Madrid, sí que consideramos necesario exponer a continuación los aspectos diferenciales más destacados de las variedades autóctonas con una mayor presencia en este territorio, comprometiéndonos a completar esta información como es debido en una futura publicación en este blog.

Una de las principales características de nuestro sector oleícola, líder indiscutible a nivel mundial en cuanto a la producción de Aceite de Oliva Virgen Extra, tanto en términos cuantitativos y cualitativos, reside en que se trata de una actividad agrícola que se encuentra en constante evolución.

Año tras año se incorporan un gran número de mejoras en el cultivo, tratamiento y recolección de nuestros olivos, dirigidas a contribuir a incrementar aún más su sostenibilidad y la calidad única de los frutos del olivar.

No obstante, esta apuesta decidida por los avances en el sector no implica, en modo alguno, una renuncia a todos los aspectos positivos que ofrece el sistema de cultivo que popularmente se conoce como olivar tradicional, con el fin de seguir manteniendo la pujanza del sector como motor de nuestra agricultura, y de nuestra economía en su conjunto.

Por este motivo, una vez que hace unos días aprovechamos este blog para resaltar los diferentes beneficios asociados al cultivo del olivar en seto, hoy queremos completar esta información mostrando a continuación aquellos aspectos que explican todo lo bueno que hay detrás del sistema de cultivo basado en el olivar tradicional:

Hace tan solo unas semanas decidimos aprovechar este espacio para mostrarte la importancia que tiene un proceso aparentemente rutinario y habitual una vez finalizada la recolección de la aceituna, como es la poda del olivar, no solo sobre la productividad del olivo, sino también en relación a la calidad del Aceite de Oliva Virgen Extra que se elaborará en las siguientes campañas.

A partir de esta reflexión, y con el fin de que puedas conocer con más detalle todo lo que implica esta tarea agrícola, íntimamente relacionada con la actividad oleícola, consideramos relevante aclarar que cuando se habla de la poda del olivar es preciso establecer una diferenciación entre los diferentes tipos de poda que se pueden aplicar a un olivo, en función de las necesidades que presenta en cada momento de su vida.

Así, con el fin de completar esta información y resolver todas tus dudas en este sentido, desde La Comunal hoy queremos profundizar en las distintas modalidades de poda que se llevan a cabo y qué finalidades básicas se persiguen con cada una de ellas.