Cuando se hace referencia al volumen de aceite de oliva obtenido anualmente en cada campaña del sector olivarero, no cabe ninguna duda de que los condicionantes climáticos son el factor que incide de una forma más directa, puesto que condiciona las toneladas de aceituna recolectadas en el conjunto de olivos que conforman nuestro país.

Este año, sin ir más lejos, la continuada sequía que estamos sufriendo en nuestro territorio, unida al hecho de que la mayor parte de nuestra superficie cultivada de olivar se corresponde con cultivo de secano, ha desembocado en que las previsiones actuales se encuentren muy por debajo de las alcanzadas en campañas anteriores.

Una vez aclarado este aspecto, clave para entender las fluctuaciones en la producción olivarera anual, hoy queremos detenernos en que conozcas otro factor, con una incidencia minoritaria en términos globales, pero que tiene la particularidad de que está relacionado con la propia naturaleza de algunas variedades de esta especie vegetal, como es la vecería del olivo.

Cuando se habla de la vecería del olivo se está haciendo referencia a un comportamiento natural que también suele producirse en otras especies vegetales, sobre todo en el caso de árboles frutales, y que alterna la ocurrencia de cosechas abundantes de aceituna con una siguiente campaña en la que la cosecha se reduce de forma drástica.

Si se realiza un análisis del mapa del olivar en nuestro país, se puede observar claramente la notable importancia que supone para nuestro sector oleícola en su conjunto la comunidad autónoma de Extremadura, ya que tanto su superficie cultivada como su producción olivarera se encuentran únicamente por detrás de Andalucía y Castilla-La Mancha.

Pero, además, la tradición oleícola extremeña también se caracteriza por el esmero y cuidado con el que sus productores locales miman aquellas variedades autóctonas que actualmente mantienen, por méritos propios, un notable arraigo en el territorio.

Por este motivo, hoy queremos aprovechar este espacio para profundizar en las propiedades diferenciales de las principales variedades autóctonas que se cultivan a día de hoy en Extremadura, y que, gracias a su calidad, continúan experimentando una expansión considerable a otros territorios de nuestro país.

 

Entre las múltiples razones que justifican el extraordinario y merecido reconocimiento de nuestro sector oleícola a nivel internacional no solo hay que destacar tanto el liderazgo absoluto de nuestro país en términos de producción como en cuanto al mimo y esfuerzo que se dedica a la elaboración de aceites de oliva virgen extra de una excelente calidad, sino también la considerable diversidad de variedades autóctonas que se cultivan en nuestro territorio, contando actualmente con 266 variedades diferentes, lo que demuestra una más que apreciable adaptación del cultivo del olivo a las diferentes zonas geográficas en el que este se desarrolla, en la mayor parte de los casos a partir de una tradición transmitida generación tras generación.

En este sentido, si bien es cierto que un volumen considerable de la producción de aceituna destinada a la elaboración de aceite de oliva virgen extra se concentra en unas pocas variedades, resulta igualmente necesario destacar el papel de aquellas variedades autóctonas que cuentan con un considerable arraigo en cada territorio, y que es preciso recordar y proteger para contribuir a conservar esta envidiable diversidad.

Por este motivo, desde La Comunal hoy queremos comenzar este viaje para descubrir la inmensa diversidad de nuestro oro líquido tomando como punto de partida aquellas variedades autóctonas de olivar que, por méritos propios, conforman el patrimonio olivarero de Aragón y Cataluña, y que pasamos a mostrarte a continuación.