Si bien la calidad única de un buen Aceite de Oliva Virgen Extra se puede experimentar sobradamente mediante su degustación en los diferentes platos en los que está presente, a la hora de identificar de una forma individualizada todos y cada uno de sus matices diferenciales lo más recomendables es proceder a la realización de una Cata de AOVE.
De esta forma, sus distintas propiedades no correrán el riesgo de verse enmascaradas, en lo referente a su capacidad de identificación, por los alimentos que también están presentes, resultando más sencilla la detección y valoración de aquellas propiedades organolépticas que convierten a cada elaboración de Aceite de Oliva Virgen Extra en una propuesta única y diferente al resto.
En este sentido, una vez que en anteriores publicaciones en este blog ya hemos tratado en profundidad los aspectos más relevantes a tener en cuenta para la realización de una Cata de AOVE, hoy queremos aprovechar este espacio para detenernos en el papel protagonista que ejercen varios de nuestros sentidos en el desarrollo de este proceso, y que pasamos a mostrarte a continuación:
Tacto: para comenzar, si bien el tacto no cuenta con una función principal para percibir los diferentes matices de un Aceite de Oliva Virgen Extra en una cata, sí que resulta fundamental a la hora de servir como mecanismo para atemperar el producto de una forma totalmente natural, permitiendo que sean mucho más perceptibles todos sus matices diferenciales.