La aparición de la COVID-19 obligó a muchas empresas, incluidas del sector alimentario y el oleícola, a adentrarse en la digitalización.

La situación que estamos viviendo marcará un antes y un después en el paradigma mercantil, ya que llevará a las empresas a hacer frente a los nuevos y competitivos retos que están teniendo lugar.

Por este motivo, y también porque en un periodo de tiempo tan breve ha puesto de manifiesto que facilita el trabajo y mejora el rendimiento de las empresas, la digitalización ha cobrado más importancia que nunca y se ha vuelto un gran aliado.

Si hay algo que caracteriza a España, es el aceite de oliva. El conocido como oro líquido forma parte de nuestro ADN y también de nuestra forma de entender la gastronomía y la cultura desde hace miles de años. El olivo que llegó a España con los fenicios hacia el año 1050 a.C, no se convierte en aceite de oliva hasta la época del Imperio Romano cuando se comienza a producir y comercializar convirtiéndose en parte esencial de la cultura mediterránea.

El suelo, el clima, la orografía española y una elaboración con técnicas emanadas de una tradición milenaria han transformado un producto único en el mundo que hoy no puede faltar en nuestra mesa: el aceite de oliva.