El Aceite de Oliva Virgen Extra es toda una joya gastronómica, tanto por su arraigo milenario en nuestra cultura como por sus características nutricionales y sensoriales.

El Aceite de Oliva Virgen Extra que llega a tu mesa, y que degustas cada día en tus platos, es el resultado de un singular proceso, en el que se cuida con el máximo esmero y delicadeza hasta el más mínimo detalle para su elaboración óptima.

En una época marcada, cada vez más, por la automatización y mecanización de procesos, la elaboración del Aceite de Oliva Virgen Extra ha sabido servirse de aquellos avances que permiten favorecer su producción, pero teniendo siempre presente el compromiso de garantizar que, durante las diferentes etapas que transcurren desde el olivo a tu mesa, se respeten en todo momento las propiedades organolépticas y nutritivas de la aceituna, como elemento clave para asegurar su calidad.

En primer lugar, como ya destacamos en una anterior publicación en este blog, todo comienza con la cuidada selección del mejor momento para llevar a cabo el proceso de recolección de la aceituna, en función de la variedad de que se trate y de los matices que se desea que destaquen en el Aceite de Oliva Virgen Extra resultante.

Estamos seguros de que, en más de una ocasión, te habrás planteado qué significa el término ‘frutado’ en relación a un AOVE. Aquí tienes la respuesta.

Cuando se hace referencia a los diferentes matices presentes en un AOVE es bastante habitual que se emplee, entre otros términos, un concepto que puede llevar a cierta confusión, como es el de ‘frutado’ (que no ‘afrutado’).

En este sentido, llama la atención que el carácter frutado de un Aceite de Oliva Virgen Extra es, precisamente, una de las características más importantes y diferenciales a la hora de evaluar su calidad y propiedades únicas, por lo que consideramos indispensable aprovechar este espacio para resolver tus posibles dudas sobre este aspecto.

Al hablar de los matices frutados de un AOVE se está incidiendo en la exposición de aquellas sensaciones o propiedades organolépticas que se perciben con un mayor o menor nivel de intensidad durante la realización de su cata profesional o su consumo a nivel doméstico, y que están relacionadas de forma directa con las características que se han trasladado, cuidando al máximo su pureza, desde la aceituna al Aceite de Oliva Virgen Extra resultante.

El pasado 13 de noviembre se celebró el Día Mundial de la Dieta Mediterránea, una cultura gastronómica en la que el AOVE tiene un protagonismo clave.

No cabe duda de que, a día de hoy, la Dieta Mediterránea es conocida en todo el mundo, ni tampoco de que se considera, por méritos propios, como sinónimo y ejemplo de una alimentación equilibrada y saludable.

En este sentido, una gran parte de la responsabilidad del éxito de esta dieta, así como de su asociación a unos estándares de alimentación sumamente beneficiosos para nuestro organismo, se encuentra en el papel esencial que ejerce en ella la presencia del Aceite de Oliva Virgen Extra.

Para entender este protagonismo básico del Aceite de Oliva en la Dieta Mediterránea hay que partir de la base de que este estilo de vida y alimentación, actualmente tan valorado, es el resultado de la transmisión de conocimientos culinarios a lo largo de varias generaciones, y en el que, desde su origen, ha primado en todo momento la inclusión de productos agroalimentarios de proximidad, frescos y de temporada.