El Aceite de Oliva Virgen Extra es toda una joya gastronómica, tanto por su arraigo milenario en nuestra cultura como por sus características nutricionales y sensoriales.
El Aceite de Oliva Virgen Extra que llega a tu mesa, y que degustas cada día en tus platos, es el resultado de un singular proceso, en el que se cuida con el máximo esmero y delicadeza hasta el más mínimo detalle para su elaboración óptima.
En una época marcada, cada vez más, por la automatización y mecanización de procesos, la elaboración del Aceite de Oliva Virgen Extra ha sabido servirse de aquellos avances que permiten favorecer su producción, pero teniendo siempre presente el compromiso de garantizar que, durante las diferentes etapas que transcurren desde el olivo a tu mesa, se respeten en todo momento las propiedades organolépticas y nutritivas de la aceituna, como elemento clave para asegurar su calidad.
En primer lugar, como ya destacamos en una anterior publicación en este blog, todo comienza con la cuidada selección del mejor momento para llevar a cabo el proceso de recolección de la aceituna, en función de la variedad de que se trate y de los matices que se desea que destaquen en el Aceite de Oliva Virgen Extra resultante.