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Si hay algo que caracteriza a España, es el aceite de oliva. El conocido como oro líquido forma parte de nuestro ADN y también de nuestra forma de entender la gastronomía y la cultura desde hace miles de años. El olivo que llegó a España con los fenicios hacia el año 1050 a.C, no se convierte en aceite de oliva hasta la época del Imperio Romano cuando se comienza a producir y comercializar convirtiéndose en parte esencial de la cultura mediterránea.

El suelo, el clima, la orografía española y una elaboración con técnicas emanadas de una tradición milenaria han transformado un producto único en el mundo que hoy no puede faltar en nuestra mesa: el aceite de oliva.