aceite en la antiguedad

El aceite de oliva en la antigüedad

El Aceite de Oliva está considerado hoy en día una de las bases fundamentales de la dieta mediterránea, pero no ha sido siempre así. Desde que hace siglos se descubrió su potencial como cultivo, los usos y creencias en torno al aceite de oliva han cambiado conforme han ido evolucionando las culturas que lo dieron a conocer.

Para comprender en qué momento se descubrieron las bondades gastronómicas y saludables del aceite de oliva es necesario remontarse a la mitología griega, al imperio romano o la Edad Media.

Origen y cultivo: el papel de griegos

El origen del aceite de oliva está ligado de alguna u otra forma a los países e imperios bañados por el mar Mediterráneo. Según las evidencias halladas por arqueólogos e historiadores, los griegos y los egipcios fueron los primeros en entrar en contacto con el mundo del aceite de oliva.

Mientras el imperio griego fue pionero en explotar el cultivo de los olivos y en sacar provecho a la producción de la aceituna, los egipcios lo utilizaban con fines farmacológicos o cosméticos. ¿La razón? En Egipto la producción de aceite era más escasa debido al clima, algo que, por el contrario, en Grecia no sucedió.

Tal como sostienen los relatos de la mitología griega, el dios Aristeo domesticó los olivos salvajes para que diesen aceitunas y así poder distribuir el aceite de oliva por la Península Balcánica, Sicilia, Cerdeña y el mar Egeo.

Estas certezas vinculadas a la mitología han sido confirmadas a través de la iconografía. La importancia del olivo, las aceitunas o el aceite era tal que estos elementos aparecían como motivos decorativos en las vasijas y las joyas halladas por los historiadores.

Igualmente, la etimología de las propias palabras también sirve para confirmar cuáles fueron los puntos geográficos donde el aceite estuvo presente desde un inicio. Así, mientras “oliva” proviene del término griego ελαια, que posteriormente derivó en el vocablo latino oleum, el origen de “aceite” se enmarca en la cultura árabe y hebrea. Por otro lado, “aceite” procede del término zait (que derivó al árabe como zatium), lo que ratifica la influencia de pueblos del mediterráneo meridional como Siria, Egipto o Líbano.

El Imperio Romano y su expansión por Europa

A pesar que griegos y egipcios fueron los encargados de conectar los beneficios del aceite con las necesidades de la humanidad de aquel entonces, su expansión e influencia se la debemos al Imperio Romano. Al igual que hicieron con otros muchos hábitos y costumbres, los romanos bebieron de la cultura griega para perfeccionarla y actualizarla a los tiempos.

Debido a su expansión militar y territorial por gran parte de Europa, la producción de aceite y el cultivo de los olivos fue acaparando cada vez más terreno. Tal fue la importancia que le dieron dentro de su propia cultura, que en muy poco tiempo el aceite se convirtió en un elemento fundamental de su economía. Solo el vino y el pan generaban tanta riqueza como el oro líquido, lo que les permitió optimizar tanto el sistema de cultivo como el de producción y transporte.

Así, gracias a un molino movido por animales, consiguieron aumentar la cantidad de zumo de aceituna exprimido de una sola vez, lo que sirvió para aumentar la efectividad de su producción. Las ánforas romanas fueron diseñadas, entre otras cosas, para transportar el aceite de un punto geográfico a otro.

Fue precisamente en este contexto cuando España cobró relevancia como territorio olivarero. A pesar de que fueron los fenicios y los griegos quienes introdujeron este cultivo en un inicio, la importancia de Hispania dentro del Imperio romano fue clave para lograr que nuestro país se posicionase como la referencia en el sector que todavía es hoy.

Otros usos: medicina y religión

Con la caída del Imperio Romano, la popularidad del aceite y su empleo en el ámbito gastronómico se redujo notablemente. Por un lado, la crisis económica en la que se vio sumida la población de la Edad Media hizo que el consumo de aceite de oliva se eliminase por ser considerado un producto caro. Del mismo modo, su vinculación a pueblos conquistadores como los romanos provocaba el rechazo de gran parte de la población.

Sin embargo, que el aceite de oliva perdiese relevancia dentro del tejido social y económico no quiere decir que desapareciese por completo en esta época. Al contrario. Fueron los colectivos religiosos los encargados de continuar explotando su cultivo para poder utilizarlo con fines litúrgicos.

En la Edad Media, el aceite de oliva servía para encender los candiles que iluminaban las iglesias. Por último, desde el ámbito de la medicina el aceite era un recurso muy demandado para elaborar ungüentos, así como para hidratar la piel e, incluso, curar úlceras.